Una Visita al Campo
Poco después de llegar a Surlandia, los Hambleton fueron invitados por la familia Valenzuela para visitar
Benaberme, una de sus fincas situada al otro lado de la Sierra Nevada. Otros miembros de la colonia
norteamericana también estaban entre el grupo de invitados, entre ellos el Sr. Bert Harris, Cónsul de los EE
UU, con su esposa. Estaban además el Sr. Rufino González, del Ministerio de Economía, toda la familia de
don Salvador Flores, y amigos y amigas de Luis Alberto Valenzuela. Los Valenzuela eran de las familias más
ricas de Surlandia. El padre, don Rafael Angel, era un hombre muy inteligente y astuto para los negocios, y
la pequeña fortuna que había heredado al morir sus padres, la había multiplicado muchas, muchas veces.
Ahora era dueño de grandes plantaciones de café y azúcar, ranchos de ganadería y muchas tierras que aún
estaban sin explotar.
Era día domingo y todos habían quedado en reunirse en la casa de los Flores a las siete para salir a las ocho
lo más tarde. Ya eran las nueve y media, sin embargo, y todavía faltaban algunos; hay que recordar que esto
pasaba en Surlandia, donde en el aspecto puramente social de la vida, la falta de puntualidad es algo tan
corriente que la gente más bien se estraña si uno llega a la hora exacta. Por eso fue que cuando el Cónsul
Harris y su señora llegaron, encontraron a los Flores en pijamas; ¡si llegaron a las siete en punto...! Pocos
minutos después llegaron Juanita Smith, acompañada de su amigo, el alto de los lentes, y José Molina con
Carmen. Y así fueron llegando todos, cada uno con un pretexto diferente por no haber llegado más
temprano, hasta que por fin como a las diez entraron todos en sus carros y salieron siguiendo a los Flores
que iban a la cabeza del grupo.
Aunque la distancia hasta Benaberme era solamente de cincuenta kilómetros, tardaron casi tres horas
porque el camino era estrecho, lleno de curvas y cuestas ya que había que cruzar la Sierra Nevada para llegar
a las tierras de los Valenzuela. Una cosa que les llamó la atención a los norteamericanos que por primera vez
salían al campo en Surlandia, fue el contraste tan grande que existe entre la ciudad y el campo y lo abrupto
del cambio pues--contrario a lo que se ve en los Estados Unidos--tan pronto salieron de las afueras de Las
Palmas se encontraron en una región totalmente diferente. Por el camino iban viendo casas que en su
mayoría eran de adobe y con techos de paja, cosa que no habían visto en la capital, aún en los sectores más
pobres. Tampoco habían visto antes mujeres con faldas tan largas ni tantos sombreros grandes de paja que
todos los hombres usaban. La mayoría de los campesinos, tanto hombres como mujeres y niños, iban
descalzos, aunque algunos de ellos iban calzados porque como era domingo se ponían zapatos para venir a
pasear a la capital o ir a la iglesia. Algo que les llamó mucho la atención fue que algunos llevaban sus
zapatos en la mano, seguramente para ponérselos antes de entrar a la capital. También observaron lo que les
pareció una gran pobreza en los pueblos por donde iban pasando y cuando pararon en uno de ellos para
preguntar unas direcciones los norteamericanos que hablaban bien el español pudieron notar que, no sólo la
manera de vestir sino aún en la manera de hablar y de expresarse, el campesino era una persona muy
diferente al de la ciudad.
Comentando más tarde sobre este abrupto cambio de la ciudad al campo, uno de los señores les explicó a
los norteamericanos que éste no era típico solamente de Surlandia, sino también de cualquier país
latinoamericano. La diferencia en el standard de vida entre el campo y la ciudad era algo característico.
--No sé si Uds. han oído hablar de Domingo Sarmiento--observó Rufino González.
--Sarmiento fue uno de los más famosos autores y educadores argentinos y también fue presidente
de la Argentina. En uno de sus libros, llamado ‘Facundo’, él habla de este gran contraste y usa
las palabras "civilización y barbarie" diciendo que las ciudades representan la civilización y el
campo la barbarie, aunque yo creo que eso es algo exagerado, especialmente en estos tiempos.